miércoles, 5 de diciembre de 2012

Castillos en situación límite (León)

Promonumenta alerta del grave estado de cuatro fortalezas leonesas «que quizá no superen este invierno».

Que nadie diga, luego, que no se dio la voz de alarma. Porque cuando una torre o un lienzo de muralla se vienen abajo, ya no hay forma humana de volverlos a levantar. No podrán servir, de la misma manera en que lo hacían mientras estaban en pie, de libro abierto ante los ojos de la ciencia, ni como posible atractivo turístico o emblema de orgullo local. Lo cierto es que sólo un diminuto puñado de castillos leoneses ha sido puesto en valor, es visitable o paseable, permaneciendo la mayoría de ellos en difícil situación, amenazando ruina o cerrados a cal y canto, tal y como denuncia la asociación en defensa del patrimonio leonés Promonumenta, algunos de cuyos miembros se encuentran inmersos en un proyecto de identificación, catalogación y análisis de las fortalezas y castillos leoneses.

Aunque el proyecto es de amplio alcance y calado, distando aún mucho para su finalización, desde el colectivo se ha querido escoger y mostrar cuatro casos «especialmente preocupantes» ubicados en diferentes comarcas del territorio leonés. Castillos que corren «serio riesgo de sufrir desprendimientos importantes o de venirse abajo por completo», tal y como ha explicado el presidente de Promonumenta, Marcelino Fernández. Estos castillos son los de Cea, junto al río y villa de su mismo nombre; Alba, en Llanos de Alba, cerca de La Robla; Valderas, en el extremo sur leonés, y Sarracín, en el berciano valle del Valcarce.

Una sencilla visita al primero de ellos hace ver los peligros a los que está expuesto, ya que su torre se alza en el borde mismo de un cortado vertical, abierto por el río Cea. Grandes grietas se abren en sus muros y, ante el visible riesgo de derrumbe, hace tiempo que desde el ayuntamiento se está reclamando, al menos, una consolidación de urgencia que no costaría más de 150.000 euros. Del castillo de Alba se conoce ya su situación límite: ubicado al pie de una cantera, a pesar de sus grandes proporciones pierde materiales cada año cuando sus posibilidades como mirador y como espacio visitable son muy grandes. El caso del castillo de Valderas es también muy complejo, ya que, tal y como recuerda Marcelino Fernández, se encuentra «dentro de una finca privada». En medio de las controversias sobre su propiedad, lo cierto es que las torres se desmochan progresivamente, en especial en época de lluvias y de bajas temperaturas.

Pero el castillo sobre el que pesan los peores augurios de la asociación es el de Sarracín, en Vega de Valcarce. Este estratégico bastión, desde el que se divisa todo el valle que da acceso a Galicia —en él se alojó Carlos I en viaje a Compostela— amenaza, en palabras de Fernández, «ruina inminente», con sus torres en delicadísimo estado. Y eso que una primera consolidación de su fábrica «conllevaría un desembolso de sólo 30.000 euros», añade Marcelino Fernández, cuya asociación ha acudido varias ocasiones a limpiar el monumento y quien también se ha venido reuniendo con la alcaldesa de Vega de Valcarce para tratar sobre el futuro del mismo.

Son cuatro ‘SOS’, pero desde el colectivo no se resisten a añadir dos más: el de Benal, en Omaña, uno de cuyos lienzos se derrumbó hace dos años sobre una casa rural, y el también berciano de Balboa. «Se habla de buscar otras posibilidades de desarrollo rural, de fomentar el turismo sostenible... pero no se hace nada por arreglar y acondicionar, aunque sea mínimamente, los atractivos monumentales de que disponen nuestras comarcas», concluyó Fernández.

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